Comer pescado reduce el riesgo de mortalidad cardiovascular


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Una ingesta de pescado de entre dos y cuatro raciones semanales reduce un 21 por ciento el riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria, según un estudio de la Universidad china de Zhejiang destacado por la doctora Edel O. Elvevoll en su intervención en la V Conferencia Internacional de ARVI sobre el futuro de la pesca, enfocada en esta edición en los beneficios del consumo de pescado en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la obesidad.

De acuerdo con los resultados del estudio que ha citado Elvevoll, decana y profesora de Ciencias de la Alimentación Industrial en la Facultad de Ciencias de la Vida, Pesca y Economía, UiT, de Tromso (Noruega), la proporción entre el consumo de pescado y la reducción del riesgo de mortalidad por enfermedades coronarias es «directa».

Este análisis, llevado a cabo en 2012 entre más de 315.000 personas, mostró, en el caso de un bajo consumo de pescado (1 porción/semana), una reducción del 16 por ciento en el riesgo de mortalidad por cardiopatía coronaria. Este índice subió hasta el 21 por ciento para un consumo moderado (2-4 porciones de pescado/semana), y del 17 por ciento en casos de consumo alto (5 porciones/semana).

La científica noruega también ha hecho referencia a los beneficios del pescado para el desarrollo neurológico del recién nacido y del lactante, y ha manifestado que la ausencia de pescado en la dieta de las mujeres embarazadas «enfrenta al feto a un mayor riesgo cardiovascular».

Durante la jornada también se ha analizado el impacto que tiene consumir pescado en la prevención de ciertos tipos de cáncer y la obesidad. Así, Mariette Gerber, científica senior del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica francés (INSERM), ha realizado varios estudios sobre este consumo en la prevención del cáncer colorrectal, de próstata y de mama y ha destacado la «limitada relación» entre los ácidos grasos de los productos pesqueros y el cáncer.

Según Gerber, «aunque no se puede determinar la reducción del riesgo de cáncer por consumo de pescado, debido a las dificultades que plantean los métodos epidemiológicos, la probabilidad es alta en casos de cáncer colorrectal y de mama». «La posibilidad de padecer cáncer de mama o colorrectal es menor en los consumidores de dieta Mediterránea. En el caso del cáncer de próstata, no hay evidencias debido al menor número de estudios», ha destacado la experta.

Abandono de las dietas atlántica y mediterránea

Por su parte, la doctora Rosaura Leis Trabazo, coordinadora de la Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico Universitario de Santiago, ha abordado la DietaAtlántica/Estrategia NAOS y los aspectos saludables del pescado. «La obesidad, la gran pandemia mundial, es el trastorno nutricional y metabólico más frecuente en la edad pediátrica, y presenta en Europa una variación positiva Norte-Sur, probablemente en relación con el abandono de las dietas tradicionales saludables, Mediterránea y Atlántica, especialmente por parte de los más pequeños», ha indicado.

En su opinión, de seguir estos datos como hasta ahora, los niños «van a vivir menos que sus padres y/o que sus abuelos y con peor calidad de vida». «Además, los costes derivados de la asistencia a esta patología pueden llegar a poner en riesgo la persistencia del sistema sanitario», ha añadido.

Por último, el doctor Ángel Gil Hernández, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada, que ha resaltado que la incorporación del pescado graso a las dietas puede contribuir «de forma moderada» a la reducción del peso corporal, del índice de masa corporal, «especialmente a la disminución de la circunferencia de cintura», así como «una reducción del colesterol total».

La V Conferencia ARVI también ha contado con la video-intervención inicial de la doctora María Neira, directora del Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha aprovechado su saludo para poner sobre la mesa las dificultades de acceso al consumo de pescado.

«Las barreras comerciales, de precio, hacen que no aumente ese acceso al consumo de pescado. A veces los productos procesados son más asequibles desde el punto de vista del precio y de la facilidad para comprarlos que los productos frescos», ha lamentado, por lo que propone estudiar los «factores culturales y educacionales» que hacen que, en ciertas franjas de edad, los niños, se rechace el pescado.

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Los motivos por los que las pipas de girasol son el mejor «snack» saludable


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Picar entre horas resulta inevitable en verano. Como nos preocupamos por nuestra salud y queremos mantener nuestro cuerpo en línea para las vacaciones, qué mejor que recurrir a algún snack saludable para estos momentos de «gula».

Las pipas de girasol son unas de nuestras grandes aliadas para el verano ya que nos ayudarán a saciar el apetito entre comidas a la vez que aportan numerosos beneficios para nuestro organismo. Por ello, gracias a este alimento, no tenemos que resistirnos al capricho del picoteo mientras nos cuidamos.

De esta manera, las pipas de girasol destacan entre los frutos secos por sus beneficios nutricionales, perfectos para el mantenimiento de una dieta sana y equilibrada.

Para cuidarte en el día a día

Son una gran fuente de vitamina E, que nos ayuda a proteger de enfermedades al corazón y a todo el sistema cardiovascular y tienen propiedades antioxidantes, que ayudan a prevenir el cáncer y el envejecimiento de la piel.

Además, contienen zinc, que ayuda a estimular el sistema inmunitario y combatir cualquier tipo de agente infeccioso y son una fuente de fitoesteroles, una clase de compuestos químicos de origen vegetal que ayudan a reducir los niveles de colesterol y mejoran la salud del corazón.

Con deporte

Las pipas de girasol contienen minerales muy importantes, como el magnesio, que proporciona lo necesario para relajar los músculos y nervios del cuerpo.

Sus niveles de potasio ayudan a mejorar el rendimiento y evitar lesiones. También son ricas en selenio, un nutriente que además de frenar el estrés oxidativo, contribuye al mantenimiento de las articulaciones en buen estado.

Si estás embarazada…

Están especialmente indicadas para mujeres embarazadas, debido a sus altas dosis de folatos, un nutriente indispensable para el buen desarrollo del feto.

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Lo que comas durante tu infancia determinará la probabilidad de tener hijos obesos

MADRID
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Los hijos cuyas madres siguieron un estilo de vida saludable en su infancia tienen un riesgo sustancialmente menor de desarrollar obesidad que aquellos con madres que no tomaron decisiones de estilo de vida saludable en el pasado, según un estudio publicado en ‘The BMJ’. Los resultados muestran que el riesgo fue más bajo entre los niños cuyas madres mantuvieron un peso saludable, realizaron ejercicio regularmente, no fumaron, comieron una dieta saludable y bebieron alcohol de forma leve a moderada.

Según los investigadores, su estudio “muestra que el estilo de vida saludable general de las madres durante el periodo de la infancia y la adolescencia se asocia con un riesgo sustancialmente menor de obesidad en sus hijos“. Estos hallazgos destacan los beneficios potenciales de la implementación de intervenciones basadas en los padres para frenar el riesgo de obesidad infantil, dicen. “Se necesita una investigación prospectiva que examine el papel de los padres en el desarrollo de la obesidad en la descendencia”, concluyen.

Hasta un 75% menos de riesgo de obesidad

Los hijos de madres que siguieron los cinco factores de estilo de vida de bajo riesgo (una dieta de alta calidad, peso corporal normal, actividades físicas regulares, ingesta leve o moderada de alcohol y no fumadoras) tuvieron un 75% menos de riesgo de desarrollar obesidad, en comparación con hijos de mujeres que no cumplieron con ninguno de los factores de estilo de vida de bajo riesgo.

En comparación con los niños de mujeres que eran fumadoras actuales, los hijos de madres no fumadoras registraban un 31% menos de riesgo de obesidad. Los hijos de madres que hicieron ejercicio durante los 150 minutos o más recomendados a la semana (y que bebían de forma leve a moderada: 1-2 vasos pequeños de vino o una pinta de cerveza estándar al día) también tenían un menor riesgo de obesidad en comparación con hijos de madres que no hicieron ejercicio y que no bebieron alcohol.

Estudios previos han demostrado que las decisiones de estilo de vida de los niños dependen en gran medida de sus madres, sin embargo, se desconocía si los patrones de estilo de vida saludables en las madres durante la infancia y la adolescencia de su descendencia influyen en el desarrollo de la obesidad.

El equipo internacional, con sede en Canadá y Estados Unidos, que ha llevado a cabo el estudio examinó la historia clínica y las características del estilo de vida de 24.289 niños de 9-14 años que nacieron de 16.945 mujeres en dos estudios de Estados Unidos: ‘Nurses ‘Health Study II’ (NHSII) y ‘Growing Up Today Study’ (GUTS).

Los participantes completaron cuestionarios detallados sobre su historial médico y su estilo de vida, incluido el índice de masa corporal (IMC), los niveles de actividad física y la dieta. También se les preguntó a las madres sobre su consumo de alcohol y su historial de tabaquismo. Con esta información, los investigadores calcularon el riesgo de obesidad para cada niño, usando mediciones del IMC.

En general, un IMC entre 18,5 y 24,9 indica un peso saludable; mientras por debajo de 18,5 está en el rango de bajo peso, entre 25 y 29,9 está en el rango de sobrepeso, y entre 30 y 39,9 se sitúa en el rango de obesidad. Las mujeres de este estudio tenían en promedio 41 años de edad con un IMC medio de 25 y la mayoría (93%) no eran fumadoras actuales. Sus hijos tenían en promedio 12 años de edad, y el 46% eran niños.

Este es un estudio observacional, por lo que no se pueden sacar conclusiones firmes sobre la causa y el efecto, y los científicos señalan algunas limitaciones del estudio. Por ejemplo, las características del estilo de vida, como el peso, la ingesta de alimentos y la cantidad de actividad física de las madres y sus hijos, se basaron exclusivamente en informes aportados por las participantes, que pueden haber estado sujetos a errores de medición.

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